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Volver a casa

La sincronicidad es un término acuñado por el psicólogo Carl Gustav Jung. Define la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido, pero de manera acausal.

Son coincidencias significativas que no tienen una explicación lógica o de causa-efecto, pero que adquieren un gran valor emocional o vital para quien las experimenta.

En Argentina, en 2008, se estrena en los cines la película Iron Man. La película trata sobre un ingeniero comerciante de armas para el ejército que es secuestrado y, mediante sus habilidades, construye un traje que le permite escapar de sus captores.

En 1990, un emprendedor argentino llamado Adolfo Banchero, de 52 años, funda lo que sería, por el resto de su vida, “la empresa familiar”: Banchero Sanitarios. La empresa a la que dedica sus últimos años de trabajo para que alimente tanto a sus hijos como a los que deseen continuar.

En la vida hay ciertos momentos que vivís solo porque te eligen. No son fantásticos, no son increíbles, no son ni dignos de ser contados, pero años más tarde te das cuenta de que muchas de las decisiones que tomaste estuvieron influenciadas por ese momento.

Eso fue Iron Man para mí: una película que vi a los 10 años y que, sin necesitar nada, me lo dio todo. Me explicó que ser ingeniero te iba a permitir resolver problemas más grandes que vos, me enseñó que se puede ser un superhéroe sin haber nacido uno y, sobre todo, me mostró la importancia de trabajar duro.

Por eso, cuando tuve la madurez suficiente para saber qué quería ser de grande, siempre dije ingeniero. Trabajé en empresas internacionales, nacionales, fundé una empresa y resolví problemas mucho más complejos de lo que alguna vez hubiera imaginado.

Pero, como todo momento que uno no busca, estando en Bariloche tuve una crisis. No estaba seguro de qué quería hacer en el futuro y, hablando con mi pareja (que siempre me escucha), terminé diciendo: “¿Y si pruebo con la empresa familiar?”.

Y fue ese otro momento el que, después de 8 años de haber trabajado en cualquier otra cosa, terminó llevándome a la empresa familiar.

El rubro de los sanitarios no tiene nada que ver con lo que hacía en el día a día. De hecho, el software es lo más alejado de lo físico que existe. Y sin embargo, tuvo todo que ver: una empresa de 35 años necesitaba que alguien la mirara por dentro y la rearmara con herramientas nuevas. Era, sin que yo lo supiera, exactamente lo que había aprendido a hacer afuera.

La sincronicidad es eso: hechos que no tienen nada que ver entre sí. Mi abuelo no sabía de Iron Man. El estudio de Hollywood no sabía que mi abuelo estaba fundando una empresa en -ninguno sabía del otro, ninguno sabía de mí- y, sin embargo, los dos estaban esperándome.

A veces creemos que tomamos decisiones equivocadas porque no encajan en el camino que teníamos en la cabeza. Pero la perspectiva, con los años, es entender que la única conexión somos nosotros.

Volver a casa no solo es volver a la empresa que me vio crecer, sino también, después de dos años sin escribir, volver a encontrarme en estas palabras. Resulta que a casa se puede entrar por varios lugares.

– Banche